Esta semana lo he visto todas las mañanas, abuelo y nieta, de la mano, paseando las calles desde temprano. Él tendrá setenta y pico, ella alrededor de siete. Él viste camisa de manga corta, ella un vestido de flores. El escaso pelo blanco del hombre se concentra ya a los lados, y a ella le cuelga la coleta rubia hasta la mitad de la espalda. No tengo claro el escenario, pero nos encontramos en esos días extraños en los que los padres ya han vuelto al trabajo, pero el colegio aún no ha comenzado, lo que crea un agujero negro en el calendario laboral que solo puede llenarse de abuelos. Tenían que ver la sonrisa del hombre, una sonrisa amplia,...
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