En el PSOE no se echa a nadie por guarro: se le tiende un puente de plata con canonjía transatlántica y se archiva el caso porque el señor tiene querencia al aeropuerto. La doctrina es la «tolerancia cero» que Pedro Sánchez propuso al Comité Federal el mismo día en que Paco Salazar pidió apartarse –no caben machistas ni enchufados, salvo los de dentro–, y se lee con la casuística de Escobar y Mendoza, el jesuita al que Pascal sacudió por encontrarle atenuante a todo pecado: se tolera cero y se sanciona cero. Cinco meses después, el órgano antiacoso dio «credibilidad y verosimilitud» a las denunciantes, lo calificó de falta muy grave y cerró el expediente sin hablar con el interesado,...
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