«La única pregunta que nos queda es dónde está su cuerpo… adónde trasladaron el cuerpo». Mientras habla, el investigador Miguel Caballero sostiene entre sus dedos índice y pulgar una bala deformada del calibre 7,6 milímetros. Lo que queda de ella apenas mide centímetro y medio. Perteneció a un «proyectil cilíndrico con banda de forzamiento y estrías levógiras» de los tiempos de la Guerra Civil y fue encontrada en 2016, huérfana de esqueletos y otras evidencias criminales, en la tercera excavación que realizaba en busca de los huesos de Federico García Lorca , Dióscoro Galindo, Juan Arcoya y Francisco Galadí. Lo que para algunos que se dicen expertos 'lorquianos' es la prueba de un fracaso para el contumaz Caballero, autor de...
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