Sobre la pantalla del puesto de mando parpadea la geografía del mar Negro. Una traza blanca dibuja el vuelo de la patrulla de combate española; la otra, errática y escurridiza, marca la trayectoria del intruso. El trazo entra en territorio rumano, roza la frontera, sale a espacio aéreo no aliado en Moldavia y vuelve a internarse. Un toma y daca. Cada quiebro en la pantalla radar no es un juego táctico: representa un límite de soberanía, una Regla de Enfrentamiento (ROE) y minutos de tensión en la cabina de los dos pilotos españoles de cazas F-18. Objetivo: evitar un ataque con dron en suelo OTAN. El teniente coronel Alberto Calvo, jefe del Destacamento Paznic del Ejército del Aire y del...
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