La historia transcurre en un pequeño islote próximo a Mallorca, pero buena parte del paisaje que aparece en pantalla está a varios cientos de kilómetros. Lloret de Mar, en plena Costa Brava, fue una de las principales localizaciones de El problema final, la nueva miniserie de Netflix basada en la novela homónima de Arturo Pérez-Reverte y estrenada este viernes 25 de septiembre. La producción, protagonizada por José Coronado, María Valverde, Martiño Rivas y Maribel Verdú, rodó durante la primavera de 2025 en tres espacios del municipio: los Jardines de Santa Clotilde, Cala Sa Boadella y la Casa Roviralta. El equipo utilizó estos escenarios para recrear una isla mediterránea en 1959. La localización más reconocible son los Jardines de Santa Clotilde, construidos sobre un acantilado con vistas al mar. El marqués de Roviralta encargó su diseño en 1919 al arquitecto y paisajista Nicolau Maria Rubió i Tudurí, que se inspiró en los jardines del Renacimiento italiano. El resultado es un espacio escalonado en terrazas y atravesado por caminos, fuentes, estanques y esculturas. Uno de sus rincones más conocidos es la Escalera de las Sirenas, que desciende hacia el Mediterráneo flanqueada por figuras de bronce y permite contemplar el litoral desde lo alto del acantilado. A sus pies aparece otro de los escenarios escogidos para la serie. Cala Sa Boadella tiene apenas 250 metros de longitud, está rodeada de pinos y mantiene un aspecto poco urbanizado pese a encontrarse en uno de los grandes municipios turísticos de la Costa Brava. El tercer escenario fue la Casa Roviralta, la vivienda privada situada dentro del entorno de Santa Clotilde. La combinación de la casa, los jardines y la cala permitió transformar este tramo de Lloret en el paisaje aislado que necesitaba una historia en la que trece personas quedan atrapadas por un temporal en un hotel y una de ellas aparece muerta. Los interiores del hotel, eso sí, no existen como tal en Lloret. Fueron recreados en estudio, mientras el rodaje continuó también en Madrid y Toledo. Lo que sí puede visitarse es buena parte del escenario exterior: un jardín histórico sobre el Mediterráneo y una de las calas más tranquilas de Lloret que Netflix ha convertido ahora en una isla de los años cincuenta.