LeBron James abrió una nueva era camino de los
42 años dentro de su eterna edad dorada en la NBA, enfundándose en Brooklyn por primera vez la prenda de los Philadelphia76ers, esa que nadie le esperaba ver puesta en verano en un acto de lógico egoísmo vital y a la vez altruismo. Dejó a los Lakers y Luka Doncic y se vino a Philly porque creía que en ningún sitio más tendrá más posibilidades de ganar en un acto de generosidad por abrazar la causa de traer un anillo a Philadelphia
44 años después y jugándose su aura inmaculada de ganador infalible pues ha hecho campeona cada franquicia en la que ha estado.
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