El Grupo Volkswagen sigue con problemas en uno de los momentos más delicados de su historia reciente. Inmerso en un profundo proceso de transformación industrial, que incluye un ambicioso plan de adelgazamiento de sus estructuras, reducción de costes y ajustes de empleo, el gigante automovilístico alemán ha cerrado el tercer trimestre con una caída del 14,3% en sus ventas mundiales. Entre julio y septiembre entregó 1,88 millones de vehículos, frente a los 2,19 millones del mismo periodo del año anterior, según los datos publicados este lunes por la compañía. El retroceso eleva al 9% la caída acumulada en los nueve primeros meses del ejercicio, con un total de 6,01 millones de vehículos entregados, frente a los 6,60 millones de un año antes. Unas cifras que evidencian las dificultades que atraviesa el mayor fabricante europeo de automóviles, precisamente cuando está acometiendo una de las mayores reorganizaciones de su historia, con decisiones especialmente dolorosas en sus instalaciones alemanas y una revisión de su estrategia industrial y comercial. El principal responsable del deterioro es China, el segundo gran mercado del grupo después de Europa occidental. Las entregas en el gigante asiático se desplomaron un 38,5% durante el tercer trimestre, hasta las 405.800 unidades, frente a las 660.300 del mismo periodo de 2025. En el conjunto de los nueve primeros meses, la caída alcanza el 30,2%, con 1,37 millones de vehículos comercializados. El retroceso chino explica prácticamente la totalidad de la pérdida de volumen acumulada por Volkswagen en el conjunto del mundo. El grupo ha dejado de vender cerca de 595.000 vehículos en ese país respecto al año anterior, una cifra incluso superior a la reducción neta de sus entregas globales, de unas 593.000 unidades. «La fuerte caída del mercado chino en su conjunto sigue siendo un desafío para toda la industria», ha reconocido Martin Sander, miembro del Comité Ejecutivo Ampliado del Grupo Volkswagen y responsable de Ventas. El directivo ha añadido, no obstante, que los nuevos modelos eléctricos desarrollados localmente comienzan a tener impacto en aquel mercado, donde las entregas de vehículos electrificados aumentaron alrededor de un 30% en el tercer trimestre respecto al mismo periodo del año anterior. En contraste con el desplome chino, Volkswagen consigue estabilizar su actividad en Europa. En el conjunto de los nueve primeros meses, las entregas aumentaron un 1,7%, hasta 2,95 millones de vehículos, con un crecimiento del 1,1% en Europa occidental y del 5,3% en Europa central y oriental. La evolución del último trimestre, sin embargo, ofrece una imagen menos favorable. Entre julio y septiembre, las entregas retrocedieron un 2,8% en Europa occidental, mientras que en los mercados del centro y este del continente avanzaron un 1,4%. En Alemania, su principal mercado doméstico, las ventas acumuladas hasta septiembre crecieron un modesto 0,9%. Dentro del grupo alemán, Seat y Cupra presentan una evolución menos negativa que la del conjunto del fabricante. Las dos marcas españolas acumulan 433.400 vehículos entregados hasta septiembre, un 1,4% menos que en el mismo periodo de 2025, cuando alcanzaron las 439.500 unidades. La caída se acentuó ligeramente durante el tercer trimestre, con 133.700 vehículos entregados, un 2,3% menos que un año antes. Se trata, en cualquier caso, de un comportamiento sensiblemente mejor que el descenso del 14,3% registrado por Volkswagen a escala mundial durante ese mismo periodo. Los resultados se han conocido apenas unas horas después de que el consejero delegado del grupo, Oliver Blume, reivindicara en París la necesidad de transformar la industria automovilística europea para recuperar competitividad frente a los nuevos fabricantes, especialmente los chinos, que en el Salón del Automóvil que hoy se inaugura en la capital francesa desembarcan con 20 marcas, doblando su presencia con respecto a la edición anterior, en 2024. El salón se abre a los pocos días de que la Unión Europea, en su afán por proteger el mercado interior, anunciara un acuerdo con China que podría reducir en más de la mitad las importaciones de vehículos híbridos chinos al bloque comunitario. En este sentido, Blume reclamó a Bruselas una política industrial que permita mantener en Europa el desarrollo, la ingeniería y la fabricación de automóviles. Defendió que la industria europea necesita energía más barata, una infraestructura de recarga competitiva y unas condiciones de competencia equilibradas frente a China.