Mariano (78), un jubilado oriundo de Cartagena (Murcia), acudió a 'First Dates' harto de llevar tanto tiempo solo y echa en falta una compañía en casa. No tuvo ninguna queja con la cita que el programa le buscó. Rosario (77) le gustó nada más conocerla. Le pareció una mujer «limpia, lista y trabajadora» y le cuadró todavía más al saber que vivía en Zeneta, una localidad muy cerca de la suya. Sin embargo, el soltero no quedó tan satisfecho con el servicio del restaurante y dio mucho que hablar al encararse con una de las camareras. En su presentación, Mariano agradecía a Lidia Santos el recibimiento que le brindó, para después empezar resumiendo su extenso currículum laboral. Ha sido un hombre laboralmente muy polifacético; ha trabajado como marinero mercante, conductor de camiones, taxista, soldador en Noruega… Y alguna que otra ocupación más. Desde que se divorció en 2016 no ha vuelto a encontrar pareja. Aunque no descartó de primeras una relación «sin ataduras». Por su parte, Rosario se describió como «un patito aventurero». Entra y sale con su coche todo el tiempo. Por eso, pese a que ni le gustaron ni la barba ni el bigote de Mariano, cuando supo que él también era «un hombre de calle», lo empezó a mirar con buenos ojos. La cita marchaba viento en popa. Se cayeron bien y descubrieron aficiones comunes a medida que conversaban. Hasta que una de las gemelas Zapata les sirvió la cena. Mariano pidió sal antes de catar el plato, a lo que ella le sugirió que primero lo probara. «El cocinero normalmente no le echa mucha por si el cliente no come sal», replicó el soltero, para justo después quejarse en privado. «No quiero opinar de la camarera, porque yo lo he sido muchos años», aseguró. No obstante, al momento comentaba con su cita que la había visto «un poco seca». Pero el desencuentro no quedaba ahí. Al rato, Mariano le pedía un poco de pan y acababa perdiendo la paciencia por la tardanza. «¿Esta me lo va a traer hoy? Se ha ido, se ha puesto a hablar, y al rato que ya me he comido la merluza…», se quejaba a viva voz ante su acompañante. La camarera le explicaba que se estaba calentando, aunque él ya le había hecho la cruz. «Me ha caído gorda… Pero ya está», sentenciaba en los totales. Finalmente, el momento no empañaba la velada y quedaba en anécdota. Mariano y Rosario habían conectado y ambos coincidieron en que querían seguir conociéndose.