Hay futbolistas que necesitan tiempo para ser descubiertos. Y hay otros que, cuando encuentran el contexto adecuado, aceleran su crecimiento hasta hacer inevitable la pregunta: ¿cómo había pasado desapercibido todo este talento?
Manga Foe-Ondoa pertenece a esa segunda categoría. Llegó a
Italia prácticamente como un desconocido y, en cuestión de meses, se ha convertido en una de las sensaciones emergentes del
Monza. Su irrupción no solo ha despertado interés en la
Serie A. También coloca una cuestión sobre la mesa del fútbol francés: ¿está dejando escapar a un centrocampista con potencial para marcar una época?
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