Noviembre es tiempo que amarillea en las hojas de los árboles , de sol apresurado de otoño, de humo de castañas que huele a leña quemada, de olor a canela y matalahúva de las gachas, de crisantemos de colores que pausan su alegría, tiempo de santos y difuntos. Y, tal vez, este año, más que nunca. La tragedia de Urda nos dejaba de nuevo en la cuneta -entre el dolor y la rabia contenida por tanta ineptitud- impotentes ante el sufrimiento de los fallecidos, de sus familias, de los heridos. De nuevo a la intemperie , como también en Adamuz , quebrados y vulnerables. Todos tenemos a alguien que iba o venía en ese tren o que podría haberlo hecho....
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