“Estamos en un punto histórico en que podemos destrozar el mundo o salvarlo”
Es inútil preguntarle por el número de países que ha visitado o de millas que ha navegado. Perdió la cuenta hace tiempo. “He dado alguna vuelta al mundo”, dice cuando se le insiste. Joel Stewart (Oregón, EE UU, 1955) habla desde el puente de mando del velero Rainbow Warrior, fondeado en la bahía de Algeciras (Cádiz). A un lado está Gibraltar, un poco más allá La Línea y Algeciras y a la espalda Marruecos. “El Mediterráneo ya no tiene el mismo color azul aquí”, observa al poco de echar el ancla. Esta bahía es un punto caliente de la contaminación que se ha acostumbrado a los vertidos y las manchas aceitosas que surcan la superficie marina. Stewart cumplirá en septiembre 30 años trabajando para Greenpeace. Es el más veterano de los 11 capitanes que se turnan —tres meses en el mar y tres meses de descanso— para guiar los tres barcos de esta organización: Rainbow Warrior, Arctic Sunrise y Esperanza. Él está al frente ahora del más emblemático: el velero heredero del primer barco de la organización ecologista, que fue hundido en Nueva Zelanda por los servicios secretos franceses en 1985. Cuatro años después del atentado, Stewart entró como capitán en la ONG.