No existen registros de la temperatura de aquel entonces, pero podemos asegurar que no fueron tan altas como las de este presente que nos acecha en las aceras y el asfalto. El 1817 precedió al llamado «año sin verano», una anomalía climatológica extraordinaria provocada por unos fenómenos que no se han vuelto a repetir en la historia. Dicen que fue fresco y, en el río Guadalquivir, bajo ese manto imaginario de verdor húmedo, enarbolaron una pequeña hazaña de la que ahora se cumplen 203 años. Los juncos de las márgenes no parecían torres extrañas entre los edificios, sino que, ante la naturaleza más abrupta, los extraños eran los hombres que iban a enfrentarse a una travesía novedosa en cuanto al...
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