El regreso de José Tomás: el mito también es mortal
Volcánica irrumpió su figura entre las lenguas de fuego. A 44 grados a la sombra, abrasaba la arena y ardían las pasiones nada más pisar el ruedo José Tomás (Galapagar, 1975), desmonterado en su debut como matador en el coso de la Alameda. Sus canas eran el espejo de la vida que se nos escapa, la ceniza del tiempo que se nos va. Fino como el junco del arroyo, sin probar bocado ni mojarse los labios desde las doce del mediodía por si había que operar, el madrileño volvía a enfundarse el vestido de luces después de su trébol de ausencias, sin una sola noticia suya durante la pandemia. Su toreo, tan desnudo, quería reencontrarse con una afición liberada del... Ver Más