Está feliz, exultante, pletórico. Hasta ha mandado trasladar a Ifema 'El abrazo' de Genovés, para presumir del espíritu de la Transición que se está cargando. (En realidad, el cuadro era sobre la amnistía y hubiese estado mejor de fondo para enmarcar la firma de los indultos del 'procés', pero se le pasó por alto). No ha llevado a la cumbre 'La rendición de Breda', que era lo suyo, porque resultaba muy engorroso sacarlo del Prado. Pero se le ve eufórico, con una sonrisa disfrutona que por una vez no constituye un rictus falso; la cuota de protagonismo complace su ego y lo hace flotar como si se hubiese inyectado una sobredosis de liderazgo. Madrid entero es un 'photocall' gigante ante...
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