El valor de lo invisible: fe, presencia divina y sentido de misión
Había una vez un pescador que vivía en una pequeña aldea junto al mar. Cada día salía con su barca al amanecer y regresaba al caer la tarde, con la pesca justa para alimentar a su familia. Nunca buscaba más de lo necesario y, aunque su vida parecía modesta a los ojos de los demás, él siempre estaba en paz.

