La Real Sociedad obtuvo en Belgrado la primera victoria de la campaña europea pero la sensación que dejó en buena parte de su afición no fue de máxima felicidad. En un servidor tampoco. Quizá por el pobre juego demostrado, por un gol anulado de manera lamentable por el colectivo arbitral, por haber sufrido ante un inofensivo Maccabi Tel Aviv que acabó metiendo gol y asustando a la Real hasta el final, incluso con diez jugadores, por el inexistente ambiente en el estadio que recordó a la época de la pandemia, por los abusos policiales sufridos por algunos realistas en los accesos al campo o los lamentables avisos callejeros de cierta policía suelta en Belgrado. En general, por el ruido (probablemente necesario) que ha generado un encuentro que deportivamente era importante ganar pero que no generaba tanta expectación como en lo extradeportivo.
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