El Balón de Oro a Rodrigo Hernández ha sido recibido como un triunfo histórico del fútbol español, pero yo diría que le sobra el adjetivo: es, sobre todo, un triunfo del fútbol. El fútbol entendido estrictamente como deporte, despojado de liderazgos mesiánicos, del atrezzo hollywoodiense y de toda farfolla ideológica que contamina cada vez más el universo balompédico. Rodrigo es un futbolista que se dedica exclusivamente a jugar al fútbol, algo que comienza a ser poco habitual en las ligas europeas, cuyos jugadores más destacados cuidan su imagen estética, su compromiso social o su proyección política con tanto o más esmero que su desempeño en el campo. Este negocio ya no consiste en ganar partidos, sino en crear referentes para...
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