Tantas manos tienes mías y tanto de ti mis manos, que te acaricio y mis manos son ya más tuyas que mías. Hoy hace años que dejaste el molino y las manos siguen oliéndote a aceite. El olor del aceite es como el de la honradez misma, no se pierde nunca. El aceite es honrado, y verdadero, y, como la honradez, aunque esté cerca de lo que contamina o mancha, al final sale, asoma, victorioso y dejando claro que es él mismo. Un hombre honrado puede estar en la misma reunión que la corrupción, el latrocinio y diez delitos más, pero cuando ese hombre sale a la calle y le da el aire, huele a él, a su honradez, y...
Ver Más