La dinámica del
Girona invita, inevitablemente, a la ilusión. No tanto por los números —que también— sino por las sensaciones. El equipo vuelve a ser reconocible, vuelve a parecerse al verdadero equipo de
Míchel. Y eso, después de meses de sufrimiento y de un técnico cuestionado en plena tormenta, no es un detalle menor.
Seguir leyendo...