Alba Rosana, atleta de Guinea Ecuatorial: "En mi país sobreabunda el talento; llevar la bandera fue maravilloso"
Alba Rosana Mbo Nchama soñaba con ser atleta y la oportunidad le llegó en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, disputados en 2021 por la pandemia. Tenía 18 años y fue la abanderada de Guinea Ecuatorial, junto con Benjamín Manuel Enzema Owono, fondista que participó en el 1.500. También tuvo representación en natación, con Diosdado Joaquin Miko Eyanga. «Fue asombrosa la experiencia de ir a los Juegos y ser abanderada. Pude conocer a varias estrellas mundiales del deporte, experimentar la competitividad y conocer la importancia que tiene a lo que me dedico. Quisiera poder competir en otros Juegos Olímpicos, me quedé con unas ganas intensas de lucirme», asegura la velocista, a la que la experiencia le sirvió para aumentar su pasión, con el añadido de llevar la bandera, aunque pasara «un mal rato».
Atleta gracias a su madre
«Es que soy algo introvertida, pero fue maravilloso y me divertí. Esa fue mi primera experiencia llevando el estandarte de mi país y la verdad es que le cogí el gusto a ondearlo... Tanto que también pedí llevarlo en la inauguración de los Juegos de la Francofonía Kinshasa 2023. Disfruté cada instante. Suena algo extraño explicarlo», recuerda una deportista que empezó a correr gracias a su madre, que tuvo «un papel fundamental» en inculcarle la disciplina y la pasión. «Tengo recuerdos de ella en los últimos momentos de su carrera como deportista y sus inicios como entrenadora. Ella me inició en el atletismo a mí y a mi hermano mayor, que se llama Antimo Constantino Oyono. Yo practicaba el deporte porque me parecía divertido, pero ella me mostró el lado serio y fue entonces cuando empecé a ponerme las pilas. Me metí de lleno en la competición... Y es ella la que me anima siempre», reconoce. Dio el paso de ser un entretenimiento a ser el centro de su vida.
Los sacrificios de ser deportista
En Tokio, los 100 metros femeninos, la prueba en la que compitió Alba Rosana Mbo Nchama, fueron históricos por el triplete de Jamaica, con Elaine Thompson, Shelly-Ann Fraser-Pryce y Shericka Jackson. La ecuatoguineana disputó la primera serie, y fue octava. Es fan de muchas atletas, pero su «único referente es Cristo». Su paso por los Juegos ha hecho que haya despertado la admiración de otros compañeros, aunque tampoco se atreve a decir si es una referente. Ser deportista tiene recompensas como la que ella vivió en la capital de Japón, representando a su país, pero requiere de una gran disciplina. «Una tiene que hacer muchos sacrificios, pero es necesario si se quiere llegar lejos», afirma.
¿Cómo entrena una velocista?
¿Cuál es el entrenamiento de una velocista? «Para la salida lo que más se necesita es potencia y explosividad, por lo que los ejercicios que más realizo para eso son salidas desde el suelo, fuerza en el gimnasio (sentadillas con salto, búlgaras con pesas para la triple extensión, press de banca para unos brazos potentes ...) y algunos más. Para la aceleración trabajo los empujes, y los ejercicios que más realizo son los sprints con resistencia (mi madre me enseñó los arrastres de neumáticos, y ya no quiero moverme de ahí). Para la velocidad punta realizo rodajes, drills con vallas, ejercicios para la flexibilidad y la amplitud de la zancada», especifica. Una carrera de 100 metros es casi, en cierto sentido, como hacer ballet, porque cada posición del cuerpo, casi cada paso, está medido y la práctica lleva a la perfección. Es la prueba reina de la velocidad, la carrera que centra toda la atención en el estadio, con el impactante silencio previo a que suene el disparo, y el estruendo posterior, cuando las atletas empiezan a correr. Y allí estuvo Alba Rosana Mbo Nchama.
La curva en los 200...
En 2013 obtuvo sus mejores marcas, 12.96 en el hectómetro y 26.66 en los 200 metros. «Me gustan más los 200 metros porque me veo bien en las curvas. La diferencia, aparte de la distancia, evidentemente, está en que los 100 metros es una carrera de intensidad desde la salida hasta la meta, no hay tiempo para pensar y, además, no exige tanto control porque la carrera es lineal y sin falta de simetría. Los 200 metros, en cambio, exigen más control, porque tienen una curva; y también más tiempo de velocidad punta, lo que quiere decir más zancadas y más frecuencia», indica una atleta que quiere seguir creciendo. «Si hay algo que he aprendido es que los resultados no los obtiene uno solo sin ayuda de nadie», desvela, convencida de que en su país «sobreabunda» el talento para seguir dando pasos adelante.