Carta del director a los lectores
Como se anunció este sábado, el Buró Político del Comité Central del Partido acordó modificar la edición impresa y circulación de los periódicos nacionales y provinciales, como consecuencia de los impactos provocados por el recrudecimiento del bloqueo del Gobierno estadounidense contra nuestro pueblo, acentuado con la Orden Ejecutiva de esa administración del pasado 29 de enero, que busca cortar la entrada de combustibles.
Nuestra multiplataforma, a partir de esta decisión, sufre dos golpes: vuelve a la condición de semanario, de la que nos habíamos recuperado tras el llamado período especial, y nuestra edición de lujo, la dominical, que circulaba con 16 páginas, tendrá en lo adelante solo ocho.
Lo anterior, además del efecto real sobre el alcance del diario, el efecto sentimental sobre el colectivo y los lectores fidelizados, especialmente los suscriptores, significa una pérdida sustantiva para segmentos de audiencias sin acceso a internet por razones tecnológicas y de limitaciones financieras.
Pese a ello, no hay despedida en estas líneas. Hay, sí, un punto y seguido en la historia de 60 años de complicidad con ustedes. Juventud Rebelde, el diario de la juventud cubana fundado por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, hará una «pausa» en su edición diaria impresa, pero en lo adelante concentraremos nuestras energías y afanes comunicativos en sus múltiples plataformas digitales con una versión impresa cada domingo.
Este impasse será aprovechado por nuestro colectivo para acelerar el proyecto, ya avanzado, de conversión en multiplataforma hacia la concepción de un periodismo en capacidad de aprovechar las potencialidades de una narrativa más transmedial, dialógica e interactiva, a tono con las deudas que tenemos con esas audiencias jóvenes, incluso nativas digitales, para las cuales el periodismo impreso ya no es esencial.
En tiempos en los que se acentúa la migración a los contenidos digitales, cuando nuestro pueblo —especialmente sus jóvenes— se moviliza e interactúa en las nuevas plataformas, reconfiguramos la organización de las estructuras de nuestras redacciones y las rutinas productivas para seguir ganando seguidores fieles en estos espacios, con un periodismo, —además de más hondo y revelador de la realidad nacional, atravesada por la asfixia imperial y la actualización del modelo socialista—, más moderno y conectado con las estéticas y las formas narrativas del siglo XXI.
Desde esta perspectiva la nueva etapa no es retroceso, significa un salto hacia adelante, pudiéramos decir hoy también en voz de Fidel. Somos conscientes de que esta contracción en la prensa impresa no fue una decisión tomada sin dolor, precisamente en el momento en que se han aprobado disposiciones para una transformación radical del sistema de prensa en lo editorial, lo económico y lo tecnológico, y cuando más se requiere de incrementar el alcance y la eficacia de nuestro Sistema de prensa frente a una inclemente guerra comunicacional, pero la compleja situación que vivimos hacen inevitables estos reajustes.
Tendremos que ser capaces de narrar la semana en ocho páginas, lo cual implica un desafío mayúsculo al talento y la capacidad de contar Cuba de este colectivo profesional. Nuestro destinatario será el mismo: ese vasto espectro de lectores que hemos ido sumando en seis décadas, principalmente las nuevas generaciones —tengan la edad que tengan—. Vamos a seguir pensando en cada niño, en cada adolescente, en cada joven, en lo que les interesa, en lo que les preocupa, en lo que sueñan. Seguiremos siendo la Redacción alegre, desenfadada y con un compromiso enorme para reflejar la dignidad de un país al que se quiere someter bajo presiones indecibles.
Pondremos toda la energía y la experiencia de nuestros equipos en función de que, como nunca antes, nuestras plataformas digitales y nuestras modestas páginas dominicales sean —en estos momentos difíciles y como siempre— aliento y solaz, análisis rotundo, orientación certera y juicio edificante.
Continuaremos soñando. Seguiremos acercándonos al mundo y a este Archipiélago rebelde con magia y reflexión. Es asunto de fe revolucionaria lo que nos obliga a ser más imaginativos, más convincentes, más audaces. Es el imperativo de este nuevo tiempo que vale la pena vivir, dignificar y contar para las presentes y futuras generaciones.
No hay espacio para el desaliento, solo para el prodigio de la creación, porque mientras haya un joven con preguntas, mientras haya un cubano con esperanzas, mientras haya un lector que nos busque, Juventud Rebelde estará ahí. El órgano de la juventud cubana va a seguir empujando un país, siempre, los domingos y en cada clic.
A casi cien años del nacimiento de Fidel no le fallaremos a nuestra misión social en esta encrucijada de Cuba. Estará con nosotros para afrontar este reajuste el líder revolucionario y admirable periodista que fundó Juventud Rebelde, y que en otro momento en que algunos calculaban, con la caída del campo socialista, que la Revolución tenía los días contados, vino hasta nuestra Casa Azul a decirnos, personalmente, que habría que reducir también las tiradas de las publicaciones impresas, aunque si resistíamos, frente a aquellas circunstancias, cinco años, triunfaríamos.
Frente a estas nuevas sanciones, amenazas y contracciones triunfaremos también, y podremos decirles a nuestros lectores como el editorial del 13 de marzo de 1999, que anunciaba el regreso de Juventud Rebelde a la salida diaria: Retornamos al diarismo, no como periódico independiente, sino como una gran dependencia de nuestra historia, de nuestro pueblo, de nuestras tradiciones más genuinas y valederas, de nuestra Revolución... «Regresamos en rebeldía contra los vagos físicos y mentales, los indolentes y chapuceros, los pesimistas, los derrotados».