Reino Unido se prepara para otro relevo exprés en Downing Street
Los británicos se encaminan a tener su quinto primer ministro en apenas cuatro años. Tras ganar en 2024 la mayoría absoluta que puso fin a una era de más de una década de gobierno conservador, el laborista Keir Starmer prometió devolver la estabilidad al país. Pero ahora podría estar a punto de dejar Downing Street cuando ni siquiera se han cumplido dos años de mandato. El batacazo electoral de las últimas locales y regionales, han sido la última puntilla para el aún premier, cuya popularidad estaba ya bajo mínimos ante sus constantes volantazos y el auge del populismo.
En esta última semana caótica, más de 90 diputados laboristas han pedido públicamente su dimisión, el ministro de Sanidad ha presentado su dimisión con una dura carta llena de críticas a la dirección del partido, cuatro secretarios de Estado han renunciado y seis asistentes ministeriales también han dejado sus puestos al perder la confianza en su líder. Starmer promete luchar hasta el final. Pero su posición está cada vez más cuestionada. Sobre todo, después de que Andy Burnham, alcalde de Great Manchester y gran favorito para sucederle, esté cada vez más cerca de poder presentar su candidatura a unas posibles primarias. El Comité Ejecutivo Nacional, el máximo órgano del Partido Laborista, dio ayer su aprobación para que pueda presentarse a las elecciones parciales de Makerfield, superando así un primer obstáculo en su intento por ganar un escaño en el Parlamento y disputarle el liderazgo a Starmer. Su plan para destronar al premier lleva años gestándose.
Cada vez que el liderazgo de Starmer parecía tambalearse, Burnham aparecía para insinuar, de manera nada sutil, que él debería ocupar el puesto. Su problema era que, al no tener escaño en la Cámara de los Comunes, no podía posicionarse para un desafío. Pero el obstáculo se subsanó después de que el diputado Josh Simons anunciara el jueves que renunciaba a su asiento para darle vía libre. A diferencia de lo ocurrido cuando Burnham intentó regresar a los Comunes en la elección parcial de Gorton and Denton el pasado febrero, las informaciones apuntan a que Starmer no intentará ahora bloquear su candidatura con la decisión del Comité Ejecutivo Nacional del partido, del candidato laborista para el distrito Makerfield.
Pese a que Burnham goza de gran popularidad en Gran Manchester, la victoria no está garantizada para él a juzgar por los resultados de las locales de la semana pasada donde el partido de derecha radical Reform UK, del populista Nigel Farage, arrasó.
Pese a que Burnham goza de gran popularidad en Gran Manchester, donde hace dos años logró un tercer mandato como alcalde, la victoria no está garantizada a juzgar por los resultados de las locales de la semana pasada donde el partido de derecha radical Reform UK, del populista Nigel Farage, arrasó.
Por lo tanto, la contienda, que puede tener lugar a mitad de junio, tiene gran significado. Si Burnham gana, demostrará que realmente puede superar los resultados nacionales del partido y derrotar a Reform allí donde Starmer no puede. Si pierde, el populismo ganará aún más impulso.
Entretanto, con la maquinaria del Gobierno prácticamente paralizada, el aún inquilino de Downing Street necesita mostrar sus cartas. Algunos ministros del gabinete están instando a Starmer a fijar un calendario para su salida, mientras otros aliados le piden resistir.
Ningún primer ministro laborista se ha enfrentado jamás a un desafío formal de liderazgo promovido por sus propios diputados. Hay casos como los de Toni Blair quien, en 2007, tras ganar tres elecciones generales, recibió gran presión por parte de las filas para dar su relevo a Gordon Brown. Pero siempre se han intentado evitar guerras internas como las que en su día protagonizaron los conservadores.
En caso de que ahora el aún primer ministro no esté dispuesto a fijar un calendario para una salida ordenada, los diputados descontentos con que siga en el cargo podrían intentar forzar una elección interna para el liderazgo. Para ello sería necesario que el 20% de los diputados laboristas respaldaran a un candidato alternativo. El Partido Laborista cuenta con 403 diputados, por lo que serían necesarios 81 apoyos. Starmer no tendría que reunir apoyos, ya que aparecería automáticamente en la papeleta si decidiera presentarse a la elección. Además, seguiría siendo primer ministro durante todo el proceso.
Los afiliados del partido y los simpatizantes sindicales votan luego clasificando a los candidatos por orden de preferencia: asignan un “1” a su favorito, un “2” a su segunda opción y así sucesivamente. Si un candidato recibe más del 50% de las primeras preferencias, será declarado ganador. Si no ocurre así, el candidato que quede último será eliminado y los votos de quienes lo situaron en primer lugar pasarán a contabilizarse para su segunda opción. Este proceso de eliminación continúa hasta que un candidato obtiene más de la mitad de los votos.
En 2016, los ministros laboristas que intentaron expulsar a Jeremy Corbyn comprobaron que se enfrentaban a un líder especialmente resistente. Después de que la mitad de su gabinete dimitiera tras el referéndum del Brexit, se celebraron unas elecciones internas después en las que Owen Smith se convirtió en rival. Pero Corbyn, conocido en su día como el Pablo Iglesias británico, terminó imponiéndose por el gran apoyo de las bases.
Quien ganara ahora una hipotética guerra interna laborista se convertiría automáticamente en primer ministro sin necesidad de convocar elecciones generales. Sin embargo, el jefe de Gobierno debe contar con la “confianza” de la Cámara de los Comunes, lo que significa disponer del respaldo de una mayoría de diputados. Si la líder de la oposición, actualmente la conservadora Kemi Badenoch, presentara una moción de censura, el Ejecutivo estaría obligado a facilitar tiempo parlamentario para debatirla y votarla. Para prosperar, la moción necesitaría sólo un voto más a favor que en contra. Si el Gobierno pierde la votación, normalmente se convocan elecciones generales. No obstante, hay un dato clave: 403 de los 650 diputados de Westminster pertenecen ahora al Partido Laborista. Por lo que se antoja bastante improbable unas elecciones anticipadas.