Ni Zapatero fue siempre sanchista, bando al que se apuntó sólo cuando entrevió una vía de hacer dinero, ni la izquierda española lo acogió hasta ese momento con el fervor que hoy le profesa como santón del progreso. De hecho había caído en desgracia desde que salió de Moncloa, y precisamente por hacer lo correcto cuando la epifanía de Obama y Merkel le obligó a tomar las medidas de ajuste a las que se venía oponiendo mientras el mundo se enfrentaba a una crisis global de mucho respeto. Sólo le guardaron cierta simpatía los dirigentes de Podemos, que se entendieron bien con él gracias a la 'Venezuela connection' y a la certeza de saberse autores de una destilación extremista de...
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