Era Cantaor el propio San Pedro hecho toro y ofrecía las llaves eternas en cada embestida: «Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo». El paraíso escondía este serio y armónico cinqueño, negro listón, herrado con el 79 y de 572 kilos de peso. Y hasta él viajó Sebastián Castella , que reverdeció los laureles de su magnífico temple, de su conocimiento del toreo, ofreciendo la dimensión de la soberbia figura que ha sido y es. Porque hay que ser un pedazo de torero para estar a la altura de esas bravas y...
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