Hay mañanas en las que Andalucía se explica sola. Basta mirar una carreta abriéndose paso entre la arena húmeda, escuchar el relincho de un caballo al amanecer o descubrir a un torero besando una medalla de la Virgen del Rocío antes de enfundarse el vestido de luces. Todo pertenece al mismo paisaje sentimental. El mismo barro. La misma fe . Porque la Virgen del Rocío nunca ha sido solamente patrona de Almonte . Ha sido también madre del campo andaluz. De las yeguas marismeñas. Del ganado bravo. De los mayorales. De los hombres y mujeres del campo. Y también de los toreros, que durante generaciones la llevaron cosida al alma antes incluso que al corbatín. El Rocío y el toreo...
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