Por el lince ibérico
Cuando los verdes llamaron a la puerta de los colorados, en Ferraz sospecharon que no se trataba de la lectura del gas ni de venderles una enciclopedia. De inmediato, dos sintagmas cayeron como una trueno en el tejado del Congreso: registro en la sede del PSOE y financiación ilegal. Tuvieron que pasar unos minutos para que esos titulares fuesen matizados en lo que todo el mundo llamaba a su juez de confianza o a su primo experto en corruptelas. Urgía saber qué tipo de terremoto nos estaba derramando el café. Volvía a la palestra Leire Díez, pero ¿qué Leire? ¿Leire, boicoteadora de la UCO? ¿Leire, presunta mano negra de la SEPI? ¿Santos adjudicador o Santos posible patrocinador de cloacas? ¿Gaspar Zarrías pagador de Leire, pero guiñándole un ojito mientras le decía que no se lo gastase en cloacas sino en trabajos periodísticos? Las causas abiertas al sanchismo son galerías subterráneas que se comunican entre ellas, por lo que es fácil perderse. A Pedro Sánchez todo esto le pillaba reunido con León XIV y, si hubiese podido, se habría quedado para charlar también con el XV y el XVI, con tal de ganar tiempo.
El que vio rápidamente la jugada fue Núñez Feijóo, que no tenía previsto tomar la palabra en la sesión de control pero que entró al hemiciclo por el pasillo para asegurar el encuentro con la canallesca: el líder del PP exigía elecciones porque «este Gobierno apesta» y preguntaba a los socios hasta cuándo van a estar con la pinza en la nariz contemplando el lucero del alba.
A la espera de que Sánchez reaccionara en Roma, comenzaba una loca sesión de control en la que Francina Armengol había previsto un desalojo por simulacro de incendio que, en medio del incendio político, acabaría siendo un homenaje a Gómez de la Serna. Conforme avanzó la mañana, los guionistas parieron letanías de urgencia: no es un registro, sólo es un requerimiento; y no es por la financiación ilegal del partido, sólo por haber podido financiar el boicot a la UCO.
En Ferraz ya se alivian con muy poquito. En todo caso, ver a los socialistas empezar el show huérfanos de argumentario resultó un espectáculo hipnótico. Caras serias, consultas furtivas a los móviles y la portavoz Montse Mínguez haciendo la heroicidad de aguantar en su escaño durante las primeras preguntas hasta que cogió el teléfono y salió zumbando en busca de información e instrucciones.
El que no pudo huir fue Carlos Cuerpo, resignado a pagar el precio de haber querido ser el tecnócrata en un Gobierno de rinconetes. Al vicepresidente primero se le vio sobrepasado ante el martirio que le infligieron consecutivamente los populares Ester Muñoz, Juan Bravo y Jaime Olano, más la propina de la portavoz de Vox, Pepa Millán.
El hombre moderado se quejó de que no le preguntaran por lo que estaba previsto y sólo supo bracear con elogios al cohete económico y a la presunción de inocencia. Resultó entrañable verle molesto porque la pregunta de Vox se pareciera a las del Partido Popular. Por un momento vimos al niño extremeño que en el recreo alegaba que no se vale pegar al que lleva gafas. Fue aquí cuando llegó una señal significativa: Junts se ciñó a la pregunta prevista y se enzarzó con Cuerpo en una discusión sobre impuestos, como si la mañana no estuviese en llamas. Con Puigdemont todavía en Waterloo, mucho amagar y poco pegar. Algo más puñetera estuvo Ione Belarra al reducir la gestión del PSOE a dos palabras: rearme y corrupción. A esas alturas el pleno era un despelote de parábolas disparatadas.
Miguel Tellado acusó a Sanchez de ser el Jack Sparrow de la política y Yolanda Díaz le replicó que él es como Vito Quiles. La vicepresidenta y ministra de Trabajo, por razones que Iker Jiménez deberá investigar, se vio poseída por el espíritu de Belén Esteban y empezó a concluir todas sus frases con un desafiante «¡¿vale?!, ¡¿vale?!». Dio bastante cringe. Y todo porque Tellado le preguntó que dónde estaba su límite. Ahí es donde Díaz puso las cartas boca arriba: mi límite es usted y sus políticas…¿vale? La izquierda está a dos plenos de confesar que sí, que ellos tienen derecho a tener corrupción sin que aquí pase nada. El día que reúnan el valor para verbalizarlo, descansarán ellos y descansarán los demás. No contentos con semejante siroco, el popular Bendodo se colocó la lupa de joyero (el muy malaje) para observar al trasluz la línea roja de la financiación ilegal.
Este Gobierno, si llega el caso, tratará de alegar que el verdadero límite era, en realidad, financiación ilegal… del PSOE… y con sentencia firme. Nada de asustarse por la imputación de la gerente por haber podido financiar a las cloacas. Y por si quedaban dudas, la vicepresidenta Aagesen nos explicó que merece la pena sostener a un Ejecutivo que, entre otras cosas, está protegiendo al lince ibérico. Llegó entonces el simulacro de incendio, mientras Sánchez se enrocaba en Roma. La ciudad que le representa. La que no paga a traidores. La de la faz como el mármol de Carrara.