Política y emociones: un estudio encontró que el cuerpo siente distinto el enojo político
Las emociones políticas no solo se piensan, también se sienten físicamente de manera distinta en el cuerpo. Esa es la conclusión de un estudio publicado en la revista PNAS, que analizó cómo personas en Estados Unidos experimentan corporalmente emociones como el enojo político, la ansiedad política, la desesperanza o la esperanza vinculadas con la política.
La investigación fue desarrollada por Andrea Vik, Alejandro Galvez-Pol, Sohee Park y Manos Tsakiris. El equipo trabajó con una muestra representativa de 992 participantes y utilizó una herramienta llamada emBODY, diseñada para mapear en qué partes del cuerpo las personas sienten activación o desactivación emocional.
Para hacerlo, los participantes colorearon siluetas corporales y señalaron dónde percibían cambios físicos cuando experimentaban emociones cotidianas, como enojo o ansiedad, y luego sus equivalentes políticos, como “enojo político” o “ansiedad política”.
El estudio encontró que las emociones políticas no reproducen exactamente las mismas sensaciones corporales que las emociones comunes. El enojo político, la ansiedad política, la depresión política, el disgusto político y la esperanza política presentaron patrones físicos propios.
Según los investigadores, las emociones políticas suelen surgir en contextos colectivos, abstractos y cargados moralmente, lo que modifica la forma en que las personas interpretan las señales internas del cuerpo.
El análisis también mostró diferencias vinculadas con la ideología política. Las personas con inclinación demócrata reportaron sensaciones corporales más intensas ante emociones políticas negativas, especialmente enojo, ansiedad y disgusto político. Los investigadores describieron este fenómeno como la posible existencia de “cuerpos ideológicos”, es decir, maneras distintas de experimentar físicamente la política según la orientación política de cada persona.
En cambio, el nivel de conocimiento político o interés en política no modificó de forma importante la manera en que las emociones eran sentidas corporalmente.
Otro hallazgo fue que la participación política no estuvo asociada únicamente con qué tan intensamente una persona decía sentir una emoción, sino con cuánto impacto corporal producía esa emoción. El estudio observó que las personas más activas políticamente tendían a experimentar emociones políticas con sensaciones físicas más amplias e intensas en distintas partes del cuerpo.
Los autores señalaron que estos resultados ayudan a entender mejor por qué la política puede sentirse visceral y altamente polarizante. También sostuvieron que el cuerpo tiene un papel central en la participación democrática y en la forma en que las personas viven emocionalmente la política.