Magyar impulsa una reforma constitucional para destituir al presidente nombrado por Orban
Menos de dos meses después de su llegada al poder, Peter Magyar ha abierto ya el primer gran choque institucional de la nueva etapa política húngara. El primer ministro anunció este lunes el inicio de un proceso para modificar la Constitución con el objetivo de facilitar la destitución del presidente de la República, Tamás Sulyok, uno de los últimos grandes cargos institucionales vinculados al sistema construido durante años alrededor de Viktor Orban. La decisión marca además el primer enfrentamiento directo entre el nuevo Gobierno y las estructuras políticas heredadas del anterior Ejecutivo, todavía muy presentes en la administración, en la judicatura y en distintos organismos del Estado.
La escena tuvo una fuerte carga simbólica. Magyar compareció ante la prensa frente al Palacio Sándor, sede de la presidencia húngara en Budapest, poco después de reunirse con Sulyok junto a la ministra de Justicia, Márta Görög. Allí confirmó que el presidente se negaba a dimitir y anunció que trasladaría inmediatamente a los diputados de su partido, Tisza, el inicio de los procedimientos necesarios para apartarlo del cargo. "La República húngara no pertenece ni a Tamás Sulyok ni a Viktor Orban", afirmó el jefe del Gobierno. "Es una creación común del pueblo húngaro".
Hasta el 31 de mayo
El conflicto llevaba semanas gestándose. Tras su victoria electoral de abril, Magyar había dado de plazo hasta el 31 de mayo a varios altos cargos nombrados durante la etapa de Orban para abandonar voluntariamente sus puestos; entre ellos figuraban el presidente del Tribunal Constitucional, responsables judiciales y también el propio jefe del Estado, al que el nuevo primer ministro acusa de haber actuado sistemáticamente como una figura subordinada al antiguo poder político.
Durante su comparecencia, Magyar reprochó a Sulyok haber permanecido en silencio ante algunas de las decisiones más polémicas de la etapa anterior y sostuvo que el presidente había renunciado a ejercer el papel de garante institucional previsto en la Constitución. "Es interés de Hungría que la institución presidencial recupere el prestigio que las omisiones, los silencios y determinadas decisiones han deteriorado durante los últimos años", aseguró. El dirigente húngaro recordó además que el presidente no reaccionó cuando Orbán calificó a sus adversarios políticos de "insectos" o habló de una "gran limpieza" contra la oposición. Según Magyar, Sulyok justificó después ese silencio alegando que se trataba únicamente de "opiniones políticas".
Un nuevo marco legal
El Gobierno no ha explicado todavía con detalle qué modificación constitucional pretende introducir, aunque Magyar insistió en que no se tratará de una legislación "hecha a medida para una sola persona", sino de un nuevo marco legal que permita destituir a altos cargos institucionales en determinadas circunstancias. La mayoría de dos tercios de la que dispone Tisza en el Parlamento permite al Ejecutivo modificar por sí solo la Constitución aprobada durante la etapa de Orbán, algo que la oposición conservadora interpreta ya como un riesgo de concentración de poder similar al que durante años se reprochó al anterior Gobierno.
Sulyok respondió poco después a través de un comunicado publicado en redes sociales en el que rechazó dimitir y defendió la legitimidad de su cargo. El presidente aseguró que no existe ningún motivo constitucional que justifique su salida y advirtió de que una reforma dirigida a apartarlo abriría una crisis institucional que podría perjudicar incluso la imagen internacional de Hungría y afectar al desbloqueo de fondos europeos. "No puedo aceptar una petición de este tipo", afirmó, apelando al juramento realizado al asumir el cargo.
Desmontar el sistema de Orban
La reacción del entorno de Orban fue inmediata. El portavoz parlamentario de Fidesz, Gergely Gulyás, acusó al nuevo Gobierno de utilizar su mayoría parlamentaria para "debilitar" las instituciones del Estado y habló de una operación de "saqueo político" destinada a reemplazar a todos los responsables vinculados a la etapa anterior. Desde el entorno gubernamental, sin embargo, sostienen que precisamente esa permanencia de cargos nombrados por Orban amenaza con bloquear parte de las reformas prometidas por Magyar y con dificultar la normalización de las relaciones con Bruselas.
El choque alrededor de la presidencia refleja hasta qué punto la transición política húngara amenaza con convertirse en un proceso mucho más complejo de lo que sugería el resultado electoral. Magyar llegó al poder prometiendo desmontar el sistema construido por Orban durante más de una década, pero buena parte de las estructuras institucionales continúan todavía controladas por figuras designadas por el antiguo Ejecutivo y protegidas por mandatos que se prolongan durante años lo que empuja a Hungría a una fase políticamente mucho más tensa en la que el nuevo Gobierno intenta consolidar su autoridad mientras el viejo sistema comienza a resistirse a desaparecer.