Más de 350 casetas entre librerías, editoriales, asociaciones e instituciones. Todo junto, bajo el cielo madrileño del Retiro. El firmante, el feriante, el comediante, el trashumante y hasta el cesante, porque Galdós no prescribe. A la Feria del Libro de Madrid vienen todos. Desde visitantes como Víctor de Aldama —con quien me topé dos veces en un mismo fin de semana—, pasando por peregrinos lectores o lectores peregrinos, así como fieles letraheridos o noveles compra-libros, familias, curiosos y demás criaturas. Es la ley de la feria, que todo lo acerca: las firmas más potentes de los grandes sellos y de las editoriales independientes se baten por las filas de lectores que querrán, dependiendo de cuál personaje, hacerse con un ejemplar...
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