Manel Espinosa y Jorge Werner: "Tenemos una diarrea legislativa brutal en algunos ámbitos"
Manel Espinosa y Jorge Werner, abogados y amigos, acaban de publicar ¡No la líes! 14 casos reales para entender tus derechos (Ciudadela). Un libro dirigido a lectores de divulgación práctica, autónomos y particulares en procesos de transición vital que buscan soluciones reales frente a la burocracia.
El título, ¡No la líes!, ya parece una declaración de intenciones. ¿Buscabais romper con la imagen solemne del derecho?
Sí, y la portada también lo dice. Manel aparece vestido con traje de chaqueta, como un abogado tradicional, y yo aparezco con un polo. Esa imagen refleja muy bien nuestra manera de transformar el derecho en nuestras empresas y en la forma en que lo ofrecemos a nuestros clientes.
También habla de nuestra propia conversión profesional. Pasamos de defender a corporaciones a defender al cliente, a la gente de la calle, y a explicar las cosas no de manera técnica, sino sencilla. Pero somos los mismos y sabemos el mismo derecho. Solo que ahora queremos poner todo lo que hemos aprendido al servicio de la gente.
¿Qué debería aprender cualquier ciudadano para tener esa cultura jurídica mínima?
Hemos seleccionado varios ámbitos de la vida que creemos que están bien elegidos para un primer acercamiento. Está el derecho laboral, porque casi todos tenemos un trabajo. Están los capítulos de emprendimiento, que son el complemento del derecho laboral, porque si no eres asalariado quizá eres autónomo.
Y el autónomo o empresario tiene un problema añadido: se le aplica todo el derecho que afecta a cualquier ciudadano, pero además todo el derecho pensado para la empresa. También abordamos sucesiones, porque todos vamos a morir o todos vamos a perder a alguien. Es importantísimo conocer unos mínimos.
Incluimos derecho de familia, porque la mayoría tiene una pareja de hecho, se ha casado o ha tenido hijos, y necesita saber cuáles son sus obligaciones y derechos dentro del ámbito familiar. Después está el derecho de consumo, porque hoy en día, en una sociedad capitalista, no se concibe dar un solo paso sin estar afectado por él. Otra pata fundamental es el derecho de daños y hemos añadido una segunda capa, cada vez más relevante: imagen, protección de datos y delitos en Internet.
¿Dónde está la línea entre divulgar derecho y dar una falsa sensación de «puedo hacerlo todo yo solo»?
Depende mucho del problema que tengas encima de la mesa y también de tu capacidad o conocimiento previo. Con este libro seguramente puedes evitar problemas que eran evitables. Los inevitables no los vas a evitar.
El problema es que el consumidor español es muy lego en derecho y muchas veces llega al despacho después de haber metido la pata por puro desconocimiento. Yo suelo decir que el 95% de los pleitos se podrían evitar si alguien hubiera acudido antes a un abogado y le hubieran explicado claramente qué tenía que hacer. En España nos cuesta mucho ir a un abogado. Nos cuesta movilizarnos en general. Al final acabas yendo cuando ya estás desangrándote. Y cuando hay una hemorragia, es mucho más difícil taparla. Este libro pretende ser un paso previo incluso al abogado.
¿La burocracia está diseñada para proteger al ciudadano o muchas veces acaba expulsándolo del sistema?
Las dos cosas. En teoría está pensada para proteger al ciudadano, pero en la mayoría de los casos lo expulsa. El legislador y también los abogados, por el círculo al que pertenecen muchos estamentos jurídicos, han creado una especie de techo de cristal entre el ciudadano y la ley.
Nos movemos en un entorno endogámico, donde todo el mundo es licenciado, con un nivel socioeconómico medio-alto, y donde podemos dedicarnos a teorizar sobre las normas. Pero eso está completamente alejado del ciudadano medio. Seguimos escribiendo normas con latinajos y tenemos una diarrea legislativa brutal en algunos ámbitos. Incluso a los abogados nos cuesta trabajo.
¿El libro es una guía para evitar problemas o también una invitación a reclamar más?
Primero, es una guía para evitar problemas. Pretende que no acabes en un abogado por cosas que no tenían que acabar en un abogado. Y, si acudes a uno,
que sea para asesorarte y no para arreglar un roto.
El conocimiento empodera. Puede parecer que, como abogados, nos pegamos un tiro en el pie, porque cuantos más derechos conoce la gente, menos depende de nosotros. Pero nosotros no creemos en complicar las cosas para tener negocio. Preferimos que la gente entienda sus derechos. Siempre necesitará a alguien que negocie, asesore o defienda, pero no podemos engañar a la gente para sostener nuestro negocio. Y también es una invitación a reclamar más. Si
no conocemos nuestros derechos ni sabemos cuándo y cómo se vulneran, ni siquiera vemos el problema. Y si no ves el problema, difícilmente vas a sacar fuerzas para pelear contra él. El libro invita a movilizarnos. Si no lo hacemos, cada vez habrá más abusos, más cárteles, más cláusulas abusivas, más problemas en contratos de alquiler o compraventa, y cuando nos demos cuenta ya estaremos ahogados.