Decía la señora Teresa que antes de suspender a un alumno había que pensar en la madre del mismo porque ella era la que, de verdad, lo pasaba mal. No le faltaba razón y, sin duda, cada vez que entramos en el mes de junio hay que pensar más y más en las sufridas progenitoras. Estos días los despachos de las facultades se llenan de alumnos que justifican su fracaso académico en la pérdida de abuelos y abuelas, rupturas sentimentales y hasta campeonatos de futbito que convirtieron en misión imposible acudir a clase y hasta estudiar. La más desesperante y quizá una de las más añejas disculpas es la de «voy a perder la beca». El argumento supera la vertiente...
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