Sánchez prepara un contraataque total en la comparecencia de este miércoles en el Congreso
Pedro Sánchez afronta hoy una de las comparecencias más delicadas de su trayectoria política. Pero en Moncloa insisten en que nadie debe esperar un presidente en retirada. Ni un ejercicio de contrición. Ni una cadena de disculpas. El jefe del Ejecutivo llega al Congreso de los Diputados después de haber tomado una decisión estratégica: dejar de replegarse y pasar a la ofensiva.
La acumulación de escándalos que afectan al PSOE, la condena a José Luis Ábalos, las investigaciones sobre Santos Cerdán, el caso Leire Díez, la situación judicial de José Luis Rodríguez Zapatero y el último bofetón de Juan Carlos Peinado contra Begoña Gómez han convencido al núcleo duro del presidente de que no cabe concesión posible, puesto que la presión no disminuye. Al contrario.
Por eso, Sánchez se dispone a utilizar la tribuna del Congreso para algo más que reflexionar sobre la situación política tras la eclosión de casos que le afectan. El presidente quiere convertir el debate en una confrontación política de gran alcance. Casi en una cuestión de moralidad. La idea que el presidente quiere fijar en su alocución es que el PSOE no es cómo el PP cuando le afloran escándalos; volverá a negar haber participado en alguno de los hechos de que se investigan. E intentará arrastrar a los socios por el sumidero de la utilidad política.
Es más, otro de los argumentos que desplegará Sánchez es que la ofensiva judicial contra su partido y su gabinete no debe solo a una sucesión de casos de corrupción. El presidente insistirá en que también existe una ofensiva destinada a desalojarle del Gobierno por vías distintas a las urnas. El ministro Óscar Puente dijo en su día que se estaban utilizando «métodos no democráticos» para tumbar al Ejecutivo.
La comparecencia será, en buena medida, un intento de reconstruir la moral de un partido golpeado por meses de malas noticias. La cuestión ya no es qué explicaciones ofrecerá Sánchez. La cuestión es hasta dónde está dispuesto a llegar en el contraataque. Lo cierto es que en Moncloa no hace más que crecer la sensación de que el aparato del Estado va contra ellos y de que quienes estén dispuestos a colaborar en otras causas que aún están pendientes de ser juzgadas y que afectan al PSOE no se verán arrastrados a prisión.
El cabreo en Ferraz y en el Consejo de Ministros por la condena «desmesurada» a José Luis Ábalos en comparación con la del corruptor, el empresario Víctor de Aldama, es morrocotudo. Hasta la presidenta del Consejo de Estado, la exvicepresidenta Carmen Calvo, estalló ayer con el asunto de marras.
Fuentes próximas al líder socialista admiten que el golpe de Peinado a Begoña Gómez ha dejado tocado al presidente. Sánchez lleva muy mal que Peinado haya citado hoy mismo a su esposa para entregar su pasaporte tras abrirle juicio oral y prohibirle salir de España.
Pero el presidente está dispuesto a resistir. Es más, pretende desplazar el foco. Sánchez lleva días insistiendo en los datos económicos, en el crecimiento, en los fondos europeos y en las políticas sociales impulsadas durante sus años al frente del Ejecutivo.
El anuncio, ayer, de la mayor inversión en dependencia de la democracia forma parte precisamente de esa estrategia. En Moncloa creen que la mejor defensa consiste en recordar cómo estaba España en 2018 y cómo está ahora. Y también en confrontar ese balance con la trayectoria del Partido Popular.
El presidente tiene previsto reivindicar los avances económicos y sociales de los últimos ocho años, pero también elevar el tono contra Alberto Núñez Feijóo. El PSOE considera que el líder de la oposición carece de autoridad para convertir la corrupción en el principal eje de su ofensiva parlamentaria. En el entorno de Sánchez recuerdan constantemente los casos Gürtel, Kitchen y la financiación irregular del PP, convencidos de que el combate político debe librarse también en ese terreno.
Mientras, algunos socios parlamentarios han empezado a verbalizar públicamente escenarios electorales. Junts ha reclamado elecciones anticipadas alegando la extrema debilidad del Gobierno. Y el PNV ha advertido de que si el Ejecutivo no logra sacar adelante unos nuevos Presupuestos debería disolver las Cortes. La campaña electoral ha empezado.