¿Y Piqué qué dice de todo esto?
Como el VAR de momento está tranquilo, o lo mismo es que la intranquilidad del videoarbitraje es cosa de nuestra Liga, la polémica del Mundial son las dichosas pausas de hidratación. El tema de los parones es un fenómeno muy propio del deporte estadounidense, aunque haya ligas como la NBA que llevan tiempo combatiéndolo con escaso éxito. La FIFA ha establecido un parón obligatorio de 180 segundos en el minuto 22 de cada parte y da igual que el estadio cuente con aire acondicionado. Se para sí o sí. En la práctica se ha convertido en un tiempo muerto y ha dividido los partidos en cuatro cuartos. Algún parón se ha ido a los cuatro minutos y en ese plazo da tiempo a hacer casi de todo. Las televisiones engordan sus cuentas con los ingresos publicitarios, la FOX por ejemplo habla de 500 millones de dólares, y el aficionado puede atender la consigna que soltaba Robe en los parones de sus conciertos: «Podéis hacer lo que queráis. Eso sí, que no os vean».
El caso es que entre pausas, descuentos y añadidos los partidos, sin prórroga ni penaltis, se van por encima de los 100 minutos y ocupan más de un par de horas de la parrilla televisiva. Las audiencias no se han resentido lo más mínimo. Y eso que algún visionario como Gerard Piqué defendía la brevedad y el consumo inmediato como solución a muchos de los problemas. En la Copa Davis no le funcionó, la Kings League no atraviesa su mejor momento y el consumo del «producto fútbol» sigue en cifras récord. A entrenadores como Bielsa, Scaloni o Tuchel no les hace ninguna gracia y eso que el peso del intervencionismo de los seleccionadores crece. Y si alguien en el estadio protesta, el DJ de turno sube el volumen y no hay más que hablar.
A Infantino, como no podía ser de otra forma, todo le parece maravilloso. A las críticas responde con una cifra acongojante: el promedio de asistencia a los partidos es de un 99,6 por ciento de ocupación. El presidente de la FIFA dice que su organización no gana más dinero con las pausas y que en la pasada final de la Champions también se hizo y nadie protestó. Quizá el que tenga más razón sea Mbappé. Entre gol y gol vino a decir que el caso es quejarse. Lo de toda la vida.