En un espectáculo imperdible e inusual en Costa Rica, ‘El principito’ vuelve a escena (saberse la obra de memoria no es problema)
De planeta en planeta, el Principito vio encarnadas la vanidad, la obsesión y todas esas trampas sórdidas de la adultez para marchitar lo genuino. Salió de su Asteroide B-612 resentido con la rosa a la que cuidó tanto y volvió con la sabiduría de apreciar lo esencial, lo “invisible a los ojos”.
En más de 80 años de publicada, la novela corta de Antoine de Saint-Exupéry, El principito, ha marcado a generaciones de generaciones y sigue encontrando formas nuevas de hablarle a la humanidad.
Porque, al menos en alguna etapa de la vida, casi cualquiera ha sido como ese aviador del libro, que, varado en el desierto y conversando con el pequeño príncipe, decidió abrazar a ese niño interior e incomprendido que dibuja boas engullendo vacas en un mundo que solo ve sombreros.
Y así ha sido también para el director Melvin Jiménez, quien realizó una adaptación de la célebre obra mezclando las artes dramáticas y circenses en un espectáculo imperdible, que estrenó una larga temporada este 21 de junio en el Teatro Espressivo.
La profunda amistad entre Jiménez y El principito tiene muchas páginas que contar. Empezó, como para muchos, leyendo el texto durante su etapa escolar. Pero no quedó ahí.
Ya como artista, una y otra vez volvieron a toparse en el camino, cada vez con nuevas enseñanzas: montó la obra para un grupo independiente, interpretó al Aviador, creó una versión en títeres e incluso este mismo año encarnó al Bebedor en el musical que se presentó en el Teatro Nacional.
“Cada vez que voy al texto, encuentro muchísimas cosas más interesantes. Con cada visita a cada uno de los mundos, el Principito nos está hablando de cosas muy importantes, serias, como le dice él: el amor, la soledad, la vanidad, ser útil para el otro, la amistad, del valor del vínculo que hacemos con las personas. Uno aprende muchísimo y la obra le habla a uno muchísimo, dependiendo de en qué momento de la vida esté”, comentó a La Nación el director.
“Por eso estamos creando un espectáculo que, si bien es cierto se enmarca en un horario regularmente infantil o familiar, le habla a todos. Les habla a los niños y las niñas, porque los hace asombrarse, imaginar, soñar y disfrutar de estos personajes, pero también a esas personas adultas que pueden encontrar en esta historia muchísimo con qué abrazarse y llevarse para su casa”, añadió.
De cada experiencia, como el infantil trotamundos de Saint-Exupéry, llenó sus alforjas de lecciones. Igual de aventurero, partió por la galaxia de la creatividad y aterrizó en dos mundos con mucho que dar: el teatro y el circo.
Del primero ya era habitante desde hace décadas, pero el segundo era tierra ignota. Dichosamente, su suerte fue distinta a la del libro, pues no topó con borrachos, reyes ni cosa parecida, sino con viejos “zorros” del oficio que lo llevaron a conocer las maravillas de este oficio.
De este modo surgió la alianza con el Parque La Libertad, que aportó instalaciones, equipo y a los seis artistas costarricenses que interpretan esta novedosa puesta en escena.
“Necesitábamos encontrar a este aliado que conociera profundamente al circo, no solamente las disciplinas y aparatos que queríamos usar, sino que también entendiera sus dinámicas y la idea que yo tenía, para que nos pusieran los pies en la tierra, o más bien nos hicieran volar más. Gracias al cielo, fue lo segundo”, explicó con entusiasmo.
“Y al encontrarnos con ellos, tener sus voces, sus opiniones, pero también el espacio de juego para entrenar y crear cada una de las escenas, tuvimos una plataforma, un apoyo, grandísimo para lo que terminamos creando”, sentenció agradecido del proceso.
El elenco de la obra está encabezado por Diego Rojas, quien da vida al Principito a través de disciplinas de trapecio y acrobacia de piso. Por su parte, Gabriel Estrada asume múltiples roles al interpretar al Aviador, el Vanidoso, el Hombre de Negocios y los Baobabs, desplegando habilidades en monociclo, sombrero, malabares, aros y diábolo.
Además, Melissa Cerna personifica a la Rosa, la Oveja y la Estrella, valiéndose de la lira y los malabares; mientras que Brandon Eboro del Mono encarna al Astrónomo, el Zorro, el Bebedor y otra de las Estrellas, complementando sus actos de acrobacia de piso, cuerda floja y malabares con la interpretación musical en diferido.
Finalmente, Cyr Alex asume los papeles del Rey, el Geógrafo y los Baobabs mediante el uso de la rueda Cyr, el cubo y malabares, acompañado por Adrián Fonseca, quien interpreta al Farolero, la Serpiente, los Baobabs y la Oveja desde el pole aéreo y la cuerda lisa.
“No solo tenemos variedad, sino realmente calidad y exclusividad. Por ejemplo, hay muy pocos artistas en este país que sean profesionales de la rueda (una de las disciplinas circenses), un par, quizá; nosotros tenemos a uno de ellos (Alex). Muy pocos realizan la rutina de la cuerda floja y nosotros contamos con Brandon Eboro, que la hace y es un recurso maravilloso de ver”, enfatizó Jiménez, premio Nacional de Teatro en 2016.
La alquimia fue inmediata. Los talentos sobre las tablas fueron polvo de estrellas estallando en un universo de recursos, que permitió plasmar con mayor riqueza todo ese espacio exterior desconocido que se narra en el texto original.
A la vez, implicó mesura y una estructuración minuciosa para gestar un proyecto minimalista y elegante, donde cada rutina circense brillara sin terminar en un show de parafernalia sin sentido.
“Es importante que no esté el número circense, o la rutina, solo por estar, sino que estos estén en pos de la acción dramática, de lo que están viviendo y quieren expresar los personajes, más allá de que simplemente los intérpretes demuestren sus destrezas y habilidades. Creo que ha sido un reto encontrar cuáles son los números al inicio, encontrar cuáles correspondían a cada uno de los personajes”, expresó el dramaturgo y docente tico.
“Ese viaje fue riquísimo, ese descubrimiento fue riquísimo, ir poco a poco encontrando eso. El espectáculo se ha ido creando junto con los artistas; no es un texto normal que le damos al actor, se lo aprende y ya. Ha ido mutando. Cada vez que nos encontramos, decimos: ‘Esto me gusta, necesito que pase esto...’ Ellos crean la rutina y luego vamos dándole forma dramática”, agregó.
De este aprendizaje también llegó a la conclusión de que teatro y circo no deberían estar tan fuera de órbita. Tras meses de preparación y toda una carrera como artista-formador, Jiménez está convencido de que este tipo de montajes interdisciplinarios deberían ser más comunes en el país.
Eso sí, el viaje, asegura, no puede empezar en las producciones, sino que hay que borrar fronteras tanto como sea posible.
“Creo que tenemos que apostar cada vez más por estos procesos más interdisciplinarios o multidisciplinarios. Pero también, como artistas, empezar a encontrarnos con otras posibilidades, entrenar otras ramas artísticas para que cuando se den estos espacios sea menos complejo”, aseguró.
“Nosotros nos topamos con unos artistas como, por ejemplo, (el que interpreta a) el Principito, que no solamente es artista circense, también es actor. Otros de ellos tienen mucha experiencia en shows en teatro, incluso. Eso nos ha permitido avanzar más rápido y que ellos entiendan muchísimas cosas”, añadió.
Y al final, entre acrobacias, correcciones, aspiraciones y toda la carpintería teatral, Jiménez y sus artistas llevaron esta nueva versión a buen puerto. Al final, el secreto siempre estuvo en volver a lo escrito por el autor francés hace ocho décadas, con la idea de poner en el centro aquello de que “lo esencial es invisible a los ojos”.
“Nos centramos más en el viaje del Principito, en qué es lo que le sucede, por qué decide partir de su planeta y qué es lo que va encontrando en cada uno de esos lugares hasta que llega al desierto, ve al cielo y se pregunta si las estrellas brillarán para que cada uno encuentre la suya. Hablamos de la posibilidad de que niños y adultos miren más al cielo y encuentren su estrella”, detalló el director.
“O, metafóricamente hablando, encuentren y viajen hasta encontrar su lugar, que no importa si pasamos por mundos conociendo personas adultas o, como les llamó el Principito, personas aburridas, demasiado serias; habrá un momento en el que vamos a encontrar el porqué de nuestro viaje”, finalizó Jiménez, invitando al público a una experiencia que, afirma, será inolvidable.
No se pierda ‘El principito’ en el Teatro Espressivo
El Principito, de Grupo Espressivo y Parque la Libertad, estará en cartelera hasta el próximo 27 de setiembre. Ya tuvo su primera función este 21 de junio y continuará presentándose todos los domingos a las 2 p. m. en el Teatro Espressivo, ubicado en Curridabat.
La entrada general tiene un precio de ¢12.000 y para la población infantil los boletos quedan en ¢9.000 (ambos montos no incluyen el IVA ni los cargos por servicio). Los tiquetes pueden adquirirse en el sitio web www.espressivo.cr, o vía WhatsApp, al número 6360-9158.