La guerra con Trump impulsa a Meloni
Las diferencias sobre la guerra en Irán, la utilización de las bases americanas o los ataques de Donald Trump contra el papa León XIV han hecho saltar por los aires la relación entre el presidente de Estados Unidos y la primera ministra de Italia, Giorgia Meloni. La víspera de la cumbre de la OTAN celebrada en Ankara esta semana, Trump volvió a burlarse de la mandataria italiana publicando una foto en su red social con un mensaje en el que pedía una “orden de alejamiento de Meloni”. Una humillación -una más- que certifica el fin de la relación entre ambos, pero que, a su vez, impulsa políticamente a Meloni y afianza su transformación internacional: de “patriota” nostálgica del fascismo a líder conservadora europeísta. MAGA
El último desencuentro entre Meloni y Trump marca el fin de una relación política que hasta hace pocos meses parecía fundada en la cercanía ideológica y en una fuerte afinidad personal. La líder de Hermanos de Italia estaba considerada uno de los interlocutores privilegiados del inquilino de la Casa Blanca hasta el punto de ser la única jefa de un gobierno de la Unión Europea invitada a la toma de posesión del presidente republicano en enero de 2025.
Una luna de miel que comenzó a romperse en abril, cuando Trump atacó al Papa calificándolo de ser débil y “terrible en política exterior”, y Meloni no tuvo más remedio que salir en defensa del Pontífice (varias horas más tarde y después de todos los líderes políticos italianos). En junio, mientras en Roma aseguraban que la relación con Washington estaba mejor que nunca, Trump dijo que Meloni le había “suplicado” hacerse una fotografía con él durante la cumbre del G7 celebrada en Francia unos días antes.
Las declaraciones del presidente estadounidense, en las que insistía además sobre su profunda decepción con Meloni por no haber autorizado el uso de las bases estadounidenses en Italia, encendieron todas las alarmas en Palacio Chigi, sede de la presidencia. Si hasta entonces, desde el entorno de la primera ministra trataban de medir las reacciones a las salidas de tono del magnate, a partir de ese momento la estrategia cambió. Los medios afines a la derecha comenzaron a cargar contra el presidente estadounidense sin contemplaciones. “Trump es un gilipollas”, tituló en primera página Libero, uno de los diarios de referencia de los conservadores, que dirige el exjefe de gabinete de Meloni.
Sin embargo, detrás de este desencuentro existe un cálculo político más profundo. Según una encuesta del Instituto Demopolis, tras los primeros ataques del presidente estadounidense la confianza de los italianos en la primera ministra subió dos puntos hasta alcanzar el 40%. Por otra parte, el mismo estudio reveló que la confianza frente a Trump cayó hasta el 11% después de haber llegado a rozar el 42% hace unos meses. Aunque el dato más interesante es que la respuesta de Meloni fue aprobada por el 57% de los electores de centro izquierda.
Desde el punto de vista político, tomar las distancias de Donald Trump conviene a la primera ministra, que con los ataques del magnate consigue movilizar a su electorado y afianzar su imagen de líder pragmática, fiable y europeísta.
Su distanciamiento con el inquilino de la Casa Blanca -que llegados a este punto parece definitivo-, permite a Meloni romper con la ambigüedad de la que siempre se valió para no tener que elegir entre Washington y Bruselas. Ni siquiera cuando los aranceles impulsados por el 'tycoon' penalizaron gravemente las exportaciones italianas, Meloni fue capaz de contradecir al magnate. Tampoco lo hizo cuando Trump exigió con vehemencia a sus aliados un aumento de la inversión en defensa de hasta el 5% de su Producto Interno Bruto (PIB) para 2035.
Meloni aplaudió el desafío de Trump, en parte, porque la primera ministra esperaba poder incluir como gasto en defensa la construcción de un mega puente sobre el estrecho de Mesina, en el sur del país, presupuestado en más de 13.000 millones de euros, al calificarlo como infraestructura estratégica militar. Una “solución creativa” que finalmente Roma tuvo que descartar tras las protestas del embajador de Estados Unidos ante la OTAN. Y ahora, las cuentas no salen.
Según un estudio del Observatorio Milex, el compromiso alcanzado por el Gobierno italiano podría comportar un aumento total del gasto de casi 500.000 millones de euros para 2035.
“Respetamos los compromisos de la OTAN, pero Italia y su interés nacional determinarán el momento, los métodos y las prioridades”, dijo la primera ministra durante la cumbre de la Alianza Atlántica celebrada esta semana en Ankara dando una sutil marcha atrás.
En 2026, el gasto militar italiano alcanzará el 2,8% del PIB, lo que supone un aumento de casi el 45% respecto a hace diez años. El ministro de Defensa, Guido Crosetto, anunció que la próxima ley de presupuestos incluirá 19.000 millones de euros adicionales en defensa, lo que permitirá alcanzar el 3,2% del PIB en 2028.