La inquietante tercera edad de Madonna: las nietas pop le cierran el paso
La opinión más contundente sobre el momento musical de Madonna la expuso Linda Perry, compositora superventas cuyo nombre no sonará a muchos, pero que es autora de temazos eternos para Christina Aguilera, Alicia Keys, 4 Non Blondes, Pink y Gwen Stefani, entre otras. Perry opina que la reina del pop ha dejado de marcar tendencias y ha pasado a seguirlas, cayendo en la obsesión de no quedarse atrás respecto a jóvenes divas pop como Charlie XCX. El reproche consiste en que emplea demasiada energía en parecer joven y en maquillar sus defectos de voz, olvidándose de expresar su estado artístico y vital.
La opinión de Perry resulta relevante por dos factores. El primero es que no busca ser destructiva: de hecho, se ofrece a Madonna para componerle un disco basado en voz desnuda y sección de cuerdas, a medida de locales majestuosos como el Carnegie Hall de Nueva York en vez de los grandes recintos pop (un camino ya apuntado en alguna pieza de Madame X, su anterior álbum). «Yo sacaría todos sus defectos a la luz e intentaría hacer un disco más acústico, algo que ella pudiera interpretar sentada ante un público elegante», propone. Tiene todo el sentido del mundo: buscar la humanidad en vez de la eterna juventud.
El segundo factor es que la propia Madonna le da la razón en las letras de su nuevo álbum, «Confessions II», por ejemplo, en «Bring your love», colaboración con la joven superventas Sabrina Carpenter, donde se plantea esta cuestión crucial: «Pregúntate esto: ¿para qué lo haces? ¿Es para ti? ¿Es para ellos?». El hecho de publicar una secuela que suene a su época dorada indica que está más pendiente de aferrarse a los recursos confiables que de abrir nuevos horizontes. El problema es que insistir en el pop juvenil con 67 años conlleva un grave riesgo de quedar en fuera de juego. Ya hay lenguas viperinas en la red que advierten que se está acercando demasiado a los looks de Leticia Sabater o a parecer la abuela enrollada que se queda demasiado tiempo en la fiesta de sus nietas. Lo peor de todo es que este movimiento para «jugar sobre seguro» no ha resultado tan exitoso como se esperaba. Casi todos los críticos coinciden en que la duración del álbum debería recortarse, en que no se encuentran temazos por encima de lo que ya ha publicado –no hay un «Hung up»– y en que no se atisba una propuesta que pueda seguir explorando en siguientes trabajos. Quien mejor define la decepción es Alexis Petridis, el crítico pop del diario británico «The Guardian»: «‘‘Confessions II’’ es casi 10 minutos más largo que el original, y no tiene por qué serlo: se podrían eliminar fácilmente un par de temas house menos destacados, como ‘‘Love Sensation’’ y ‘‘School’’. Pero si bien no es tan bueno como ‘‘Confessions on a Dance Floor’’ (2005), es inequívocamente el mejor álbum de Madonna desde ‘‘Confessions on a Dance Floor”», concede.
¿Sabe la propia Madonna qué futuro quiere para su carrera? Este disco indica que por fin se ha dado cuenta de que su camino no pasaba por intentar subirse al carro
del trap, como intentó en «Rebel heart» (2015), ni al del pop latino masivo, al que se acercó con sus fallidos duetos con Maluma, que sonaban demasiado oportunistas y artificiales. Casi todos los críticos coinciden, pues, en que la duración del álbum debería recortarse, en que no se encuentran temazos por encima de lo que ya ha publicado y en que no se atisba una propuesta que pueda seguir explorando en siguientes trabajos. Ofrece menos de lo mismo, como la mayoría de sus pares, desde U2 a los Rolling Stones, pasando por Bruce Springsteen.
Como explica Madonna en un reportaje de portada para «Interview», la revista que fundó Andy Warhol, ahora vive un momento donde la industria no sabe muy bien qué hacer con ella. «Se suponía que iba a rodar una película sobre mi vida. Trabajé en mi guion durante dos años y pasé otros dos en Universal Studios con los productores ejecutivos haciendo presupuestos y casting. Tuvimos un desacuerdo, Universal y yo, con respecto al presupuesto que necesitaba… He tenido una vida extraordinaria. He tenido una vida enorme, así que necesitaba un gran presupuesto. ¿Sabes a lo que me refiero?», se pregunta.
La pista de baile
Sobre la génesis de este álbum, recuerda que se puso en contacto con el productor Stuart Price porque «pensé que el mundo estaba en un lugar muy oscuro y que la gente necesitaba bailar». Esto es algo que ella ha comprobado de primera mano. «Tengo una canción que no está en el disco, “What Will Save Me”. La grabé con Arca y Stuart Price. Todos hablamos de sentirnos marginados y de cómo la vida nocturna y estar en la pista de baile te hacen sentir parte de una comunidad, sin necesidad de decir nada. Te salva siempre, cuando te sientes deprimido, cuando sientes que no puedes hacerlo bien, cuando te sientes un fracaso, lo que sea. Sal a bailar porque te salvará», recita como una plegaria de salvación.
En otro de los sencillos, «I feel so free», suelta un par de versos que vienen al caso: «Nunca sé por qué le gusto a la gente / por eso me gusta bailar». Es justamente lo que significa este álbum: darle otra vuelta al sonido house-disco para ganar tiempo. La pregunta que queda flotando en el aire es si es posible una Madonna más allá del templo de la discoteca, cuando su cuerpo ya no pueda moverse con el estilo febril y chispeante que la caracteriza. Madonna es, sin duda, la estrella más importante de la historia del pop, empatada con Michael Jackson. Por eso en los 80 se les coronó como rey y reina del género. Siempre serán dos gigantes. La única diferencia es que a Jackson la muerte temprana le evitó los espinosos dilemas de la tercera edad, tan complicados de resolver, sobre todo para ellas.
La persecución de las princesas
Madonna puede presumir de que ninguna de sus alumnas la ha superado. Ni Britney Spears, ni Christina Aguilera ni Pink alcanzaron el impacto comercial y la solidez artística de la reina del pop. Parecía destinada a destronarla Beyoncé, cuyo modelo es Tina Turner, pero tocó techo en 2003 y hoy es más personaje que artista. La que sí amenaza con desbordarla es Shakira, que crece cada temporada. También Karol G, centrada en lo musical por encima de lo mediático. Y si Madonna se acercó al pop latino –la cantante es todo menos tonta– es porque sabe que ahí está la energía.