Están que trinan en Jaén con el alcalde de Sevilla. José Luis Sanz no es precisamente un bienqueda, de los del «todo es maravilloso», no usa la falsa corrección política y suele llamar a las cosas por su nombre. Claro, a veces se mete en charcos, aunque sea por decir una obviedad, como lo que ha ocurrido esta semana con la tasa turística: «A lo mejor Jaén no la necesita, Sevilla sí». Piensen si el alcalde de Barcelona dijese lo mismo con Lérida. Me cuesta pensar que algún ilerdense se rasgue las vestiduras. Entenderlo como un menosprecio esconde un cierto complejo innecesario cuya raíz está implantada desde hace décadas en un provincianismo andaluz que no acaba de reconocer la capitalidad...
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