Conservo recuerdos muy nítidos de mis primeros años, cuando finalizado el curso continuaba yendo todavía unos días al parvulario. Estaba en la avenida Pearson, se llamaba Parvulario Pedralbes y tenía este subtítulo: Hotel para niños. Lo primero que recuerdo es la gran alegría, la prisa por ir. También que nos bañábamos en una piscina que parecía secreta, porque estaba como escondida entre pinos y encinas. El sol le tocaba poco y el agua estaba fría. Sabíamos que teníamos que salir cuando las camareras en su batas grises y delantales blancos llegaban con bandejas de vasitos de consomé de pollo. La monitoria envolviendo con una toalla mi cuerpo pequeño, mojado y frío, y la camarera dándome el caldito, son mis primeras...
Ver Más