Lo mucho que Costa Rica puede aprender de Irlanda
Irlanda fue, durante gran parte del siglo XX, uno de los países más pobres de Europa, con una economía agrícola y marcada por la emigración de sus jóvenes. Sin embargo, a partir de los años 50 y 60, los líderes políticos de distintos partidos entendieron que no podían seguir atrapados en luchas ideológicas estériles. Se necesitaba un proyecto nacional compartido. Así nació un consenso político que se mantuvo por décadas y que transformó el país.
Irlanda decidió abrirse al mundo, abandonar el proteccionismo y apostar por atraer inversión extranjera. Se creó la agencia IDA Ireland (Industrial Development Authority), fundada en 1949 y reconocida oficialmente por el Gobierno de Irlanda como el organismo encargado de atraer inversión extranjera directa. Según datos de IDA Ireland, hoy más de 1.800 empresas internacionales operan en el país y generan más de 300.000 empleos directos.
En los años 80 y 90, la agencia fue decisiva para atraer corporaciones farmacéuticas y tecnológicas, cimentando lo que se conoció como el “milagro celta”. Ya en los 2000, Irlanda vivió un boom tecnológico gracias a que gigantes como Google, Apple, Microsoft y Meta instalaron sus sedes europeas en ese país, atraídos por la estabilidad fiscal, el impuesto corporativo bajo y la fuerza laboral calificada que IDA había ayudado a formar.
En paralelo, se estableció un impuesto corporativo bajo y estable (12,5%), que se mantuvo por décadas, generando confianza en inversionistas internacionales.
De acuerdo con la OCDE y el Banco Mundial, esta política fue clave para consolidar la confianza de los mercados. En 1973, Irlanda ingresó a la Comunidad Europea, lo que le abrió acceso a un mercado común y a fondos de desarrollo, según datos de Eurostat.
El resultado fue impresionante: Irlanda pasó de ser una periferia pobre a convertirse en una de las economías más dinámicas del mundo, con uno de los PIB per cápita más altos del planeta. Todas esas empresas transnacionales instalaron operaciones en el país gracias a reglas claras y talento local. Todo esto fue posible porque los partidos políticos, más allá de sus diferencias, mantuvieron un consenso de largo plazo en torno a políticas de Estado: educación, inversión, estabilidad fiscal y apertura internacional.
Costa Rica necesita ese mismo espíritu de unidad. No entiendo cómo la oposición se opone a todo solo para que el gobierno quede mal. ¿Cómo pueden pensar así cuando está en juego el futuro del país?
Mucho de lo que Irlanda hizo lo ha planificado el gobierno anterior y lo continúa el actual, porque entendieron que el progreso requiere continuidad.
Aquí también se han dado pasos importantes, pero se necesita más consenso para que proyectos como las jornadas laborales 4-3, el proyecto Crucitas y la armonización del sistema eléctrico nacional sean aprobados a la mayor brevedad, sin anteponer mociones y más mociones.
El éxito final depende de que la oposición entienda que el sistema de gobierno cambió, que ahora es otro, que ya no hay bipartidismo y que necesitamos urgentemente una unidad nacional. Hoy el país está enrumbado hacia el progreso, pero se necesita “el consenso irlandés” para alcanzar el desarrollo que todos merecemos.
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Jorge E. Chinchilla Aglietti es contador público.