Originariamente era una expresión usada para explicar un cierto comportamiento económico, sin embargo, con el paso del tiempo, ciertos autores parece que la han convertido en una doctrina que propugna elegir forzosamente entre gasto social, mantequilla, o gasto en defensa y seguridad, cañones. Abandonemos pues la esfera económica para tratar desde la política y la sociología esta aparente dicotomía. El propio planteamiento como disyuntiva, una cosa o la otra, es una trampa, pues pueden coexistir ambas cosas, una cierta cantidad de cañones y otra de mantequilla, como se demuestra en el comportamiento del 90 por ciento de los países que existen en el mundo según la ONU. Apenas una veintena de ellos han renunciado a tener ejércitos, a cañones, se trata de pequeñas islas del Pacífico o del Atlántico, con poca extensión y poca población, y que confían su defensa a sistemas regionales de defensa de los que forma parte. Otros pequeños países confían en los vecinos, como Andorra que deja su defensa a cargo de España y Francia. Más que una disyuntiva se trata de establecer prioridades. En unas circunstancias, primará la obtención de mantequilla, gasto civil, mientras que en otras será preferente la fabricación de cañones, gasto en defensa y seguridad. Cada sociedad y su gobierno deberán decidir la parte que debe asignarse a cada apartado según el momento. Además de priorizar según aconseje la situación, siempre es importante mostrar al resto de países que se dispone de suficientes cañones, o sea de unas Fuerzas Armadas que sean capaces de desaminar al potencial agresor. Un aspecto más de esta reflexión. La compra de cañones, está centralizada, compete al gobierno de la nación, mientras la inversión en mantequilla está parcialmente territorializada por comunidades autónomas. Sería suicida dejar de invertir en cañones cuando la situación así lo aconsejase para favorecer a alguna región determinada productora de algo de mantequilla. Luciano Ibañez Dobon. Zaragoza