Hay que reconocerle al
protagonista de esta historia que supo aprovechar la noche, a pesar del delito.
Se coló en un concesionario de motos de Varanasi, India, y s
e tomó un café, se dio una ducha, secó su ropa y hasta bailó. Todo ello
antes de llevarse una KTM y poner fin a una estancia que se prolongó durante más de cuatro horas.
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