Sentado en mi terraza frente al mar, he intentado este verano hacer un ejercicio sobre lo que nos aguarda el próximo curso. Pretendía responder a las preguntas que me hacen muchas personas sobre el porvenir inmediato de este país y, en concreto, sobre la fecha de las elecciones. Pues bien, no tengo ni idea. Pasados los 70 años, sé por experiencia que el futuro, a diferencia de los eclipses, es totalmente imprevisible. Nadie fue capaz de anticipar la caída del Muro de Berlín, los atentados de las Torres Gemelas, la crisis financiera de 2008 o la devastadora pandemia. De improviso, surgen 'cisnes negros' que lo cambian todo. Esta sensación de incertidumbre se ha agudizado al leer estos días 'Koljós', el...
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