El fracaso del plan de paz con Irán deja dos frentes activos en Oriente Medio
Dos meses se cumplen mañana lunes de la firma telemática del memorando de entendimiento con el que EE UU y la República Islámica de Irán se comprometían a comenzar una negociación que en el plazo de 60 días habría de concluir con un plan de paz definitivo con un acuerdo en torno a la cuestión nuclear.
Como muy pronto comenzó a vislumbrarse, el texto de 14 puntos impulsado por la Administración Trump, merced al cual las partes se comprometían al cese inmediato de operaciones militares, el levantamiento gradual del bloqueo naval sobre Irán, la reapertura del estrecho de Ormuz y a un ambicioso programa de reconstrucción valorado en al menos 300.000 millones de dólares, estaba condenado al fracaso. De tal forma que los dos meses transcurridos no han hecho sino dejar constancia de la incapacidad de las autoridades estadounidenses a la hora de forzar al régimen de los ayatolás, cada vez más envalentonado y con el tiempo corriendo a su favor, a aceptar siquiera la apertura del estrecho de Ormuz, convertido desde el pasado marzo en el centro del conflicto bélico.
Si bien hace más de tres semanas que EE UU puso fin a su última tanda de bombardeos contra intereses militares y civiles de la República Islámica -y esta de tratar de castigar a sus vecinos del Golfo con el lanzamiento de misiles y drones-, la guerra regional abierta a finales de febrero pasado continúa en dos frentes principales: Yemen, donde los rebeldes apoyados por Teherán se enfrentan a las autoridades reconocidas internacionalmente y a Arabia Saudí, y Líbano, donde las fuerzas israelíes incrementan en las últimas horas sus ataques contra intereses y mandos de Hizbulá, la mayor estructura militar proxy de la República Islámica en Oriente Medio.