De La Sorbona al anfiteatro: el trazo vanguardista de Arsène Welkin transformará la corrida Goyesca en una obra de arte monumental
La corrida Goyesca de Arlés volverá a rebasar los límites del mero festejo taurino para consolidarse como el gran cruce de caminos entre la tauromaquia y las artes plásticas en el sur de Francia. De cara a su cita del próximo 12 de septiembre, el Anfiteatro romano confiará la transformación de su arquitectura a la visión de Arsène Welkin. El artista parisino de 32 años —formado en Filosofía por la Universidad de La Sorbona y criado entre la tradición alfarera de La Borne y las orillas del Ródano— asume el encargo de convertir el monumental coso en un lienzo vivo, continuando la nómina de creadores contemporáneos que han dejado su impronta en la plaza arlesiana.
La relación estilística de Welkin con el toreo nació de un impacto casi fortuito. Una invitación al Coliseo para presenciar una tarde con Roca Rey en el cartel —a quien un espectador anónimo le fue descifrando los códigos y la simbología del rito— bastó para que el universo del toro se filtrara de forma determinante en su corpus pictórico. Desde entonces, el folclore, los trajes tradicionales y la antropología del entorno camargués nutren su obra, caracterizada por un dibujo de trazos rotundos, el protagonismo indiscutible de la anatomía humana y un uso rotundo e hiperexpresivo del color.
Aunque el diseño final se mantiene bajo un hermético secretismo, la intervención ideada por el creador galo sobrepasará la habitual pintura efímera de la arena. El proyecto de Welkin proyecta una escenografía envolvente a escala monumental: además de un imponente torero trazado en el centro del ruedo, la propuesta intervendrá los maderos de las barreras, las galerías de acceso e incluso el lienzo posterior del palco de la presidencia, buscando una integración total entre la piedra del siglo I y la plástica del XXI.
El despliegue estético encontrará su réplica artística en la confección de un cartel de alto voltaje para la afición gala. Frente a un encierro de la divisa de Jandilla, harán el paseíllo el compás clásico de Juan Ortega, el poderío arrebatador de Roca Rey —eje indirecto de la fascinación de Welkin por este arte— y la precocidad de Marco Pérez. Una conjunción de pintura, música y luz camarguesa que reafirma a la Goyesca de Arlés como una de las citas de mayor calado cultural del calendario taurino europeo.