Todo inicio de curso trae consigo cierto caos, pero nada comparable con el que se avecina ahora en Ceuta. Porque es una mañana de verano, de esas en las que ya se intuye su fin, y en los parques infantiles de la ciudad autónoma solo hay quietud. Hace horas que los niños han despertado pero por las calles apenas se les ve. Los que hay, contados, aparecen por el centro esporádicamente para desahogarse tras los largos ratos en casa porque, frente a la creciente preocupación de padres y profesionales, la mayoría del tiempo se limita a la vida en el hogar. Por momentos recuerda a los días más duros de la pandemia. Hace un mes que su infancia se desarrolla...
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