La irrupción de la
fibra de carbono en la industria del calzado deportivo ha revolucionado por completo el segmento de las
zapatillas de competición. Este material, unido al uso de espumas cada vez más ligeras y reactivas, y a unas geometrías mucho más agresivas, permiten correr con una
eficiencia hasta ahora desconocida. Pero toda esa tecnología tiene una contrapartida: la vida útil de la zapatilla es menor de lo habitual.
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