El Athletic de Terzic no acaba de enganchar a la afición de San Mamés. El Alavés, de hecho, tan sólo pudo sentir ayer cierto temblor en el cuerpo cuando las gradas de La Catedral rugieron al unísono en torno al minuto 62 de partido. El entrenador alemán había dado entrada a Berenguer y Maroan poco antes y los leones mostraron sus garras a un conjunto babazorro que se defendió como gato panza arriba y que pasó menos apuros, posiblemente, que los que esperaba en semejante escenario.
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