Una denuncia que al final se demostró insostenible expulsó a Alfonso Villares de la Consellería do Mar. Venía de varias mayorías absolutas en Cervo, su municipio de nación. Una vez pasado el purgatorio (por cierto: ¿la señora Lago se va a ir de rositas?), Villares fue nombrado delegado de la Xunta en la provincia de Lugo. El desempeño del cargo le da visibilidad y lo está acreditando como un político hábil, cercano y resolutivo. Era lo que el presidente Rueda esperaba de él. Eso y que opacase a la alcaldesa Candia, escasamente proclive a repartir juego, no demasiado empática, y quizá ambiciosa en exceso. En Santiago ven a Villares como el candidato más apropiado para recuperar la presidencia de la...
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