Llego a la cima del
Port de la Bonaigua. He subido desde Esterri d’Àneu y todavía conservo ese calor interno que produce el esfuerzo, aunque a más de dos mil metros la temperatura diga otra cosa. Foto de rigor y media vuelta. Saco los periódicos que he llevado doblados en el maillot todo el día pensando precisamente en este momento, me los coloco sobre el pecho y cierro el maillot. Un remedio antiguo para
un problema tan viejo como el ciclismo: el frío que llega cuando toca bajar.
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