El Aero ha alcanzado un acuerdo con los herederos de Peyré para comprar la sede que ocupa en el edificio de la calle Francos desde hace cinco años. La institución trasladó el punto de encuentro de la Avenida a este enclave poco después de la pandemia, cuando concluyó la reforma que permitió habilitar nuevos espacios como un salón de actos, una zona para servicio de restaurante, el comedor privado o el área de socios. Con esta operación, que todavía se está cerrando, el real club vincula su trayectoria a uno de los pocos edificios nobles del casco histórico que no está dedicado al turismo. La historia del enclave y la institución ya estaban ligadas desde antes, pues los antiguos almacenes Peyré, rediseñados por Aníbal González a finales del siglo XIX , alcanzaron su época de mayor éxito coincidiendo con la fundación del propio Aero en la década de los años veinte. La mudanza llevada a cabo en noviembre de 2021 permitió ganar espacio para la actividad de la institución, que fijó su entrada habitual por la calle Álvarez Quintero procurando la discreción, que es uno de los sellos de identidad de este club. En las galerías comerciales ocupa una superficie de 800 metros cuadrados , repartidos entre el sótano y la planta baja. La adquisición garantiza la permanencia en una ubicación a la altura de la trayectoria de la entidad, que tiene como socios de honor a los reyes Felipe VI y Guillermo de Holanda y que es enlace, además, con otras instituciones europeas del mismo nivel. Con esta decisión, el Aero escribe nuevos capítulos desde su primera sede en propiedad en los últimos cincuenta años. Ese fue el tiempo que pasó en el número 24 de la Avenida de la Constitución que terminó cambiado por las galerías comerciales de Francos. Hace meses que la directiva viene negociando con los propietarios para adquirir la parte del inmueble que utilizan. El resto de la superficie seguirá en manos de los herederos de Augusto Peyré que tienen alquilados los 1.200 metros restantes a una conocida cadena de gimnasios. Esta galería comercial fue el precursora de los grandes almacenes que después se instalaron en la ciudad y escuela de comerciantes como Manuel Macarro o los hermanos Gonzalo y Joaquín Canales, que aprendieron el oficio a las órdenes del empresario francés. Fue él quien adquirió las instalaciones en 1889, propiedad entonces de la familia Camino, a la que conoció a su llegada a Sevilla y ordenó reformarlas. La gran tienda, que tenía entrada por Francos y Álvarez Quintero, funcionó durante más de un siglo como uno de los principales proveedores textiles del sur de España. Sin embargo, el negocio se empezó a venir abajo con la modernización del sector y la llegada de los grandes gigantes comerciales, primero Galerías Preciados y, posteriormente, El Corte Inglés . Los herederos de Peyré redujeron el negocio y reconvirtieron el resto de las dependencias en viviendas y oficinas a los que hoy se acceden desde las dos calle. Para el uso comercial quedaron alrededor de 2.000 metros cuadrados que se terminaron destinando a un nuevo complejo de tiendas, trasladando el negocio de telas a un local más pequeño que todavía sigue abierto al público.